Algunas representaciones de penes y vaginas pueden estar cubiertas del halo de la inocencia y la caricatura, como dulces alusiones a un complejo imaginario relacionado con nuestros primeros años de vida. Es curioso cómo diferentes artistas contemporáneos insertan recurrentemente esta enorme parafernalia de lo cándido, tan profundamente sembrada por el mercado y la publicidad en sus memorias.

El hecho de desarrollar temas eróticos o sexuales no impide que los artistas contemporáneos citen juguetes, golosinas, superhéroes o personajes de tebeos y cómics en sus discursos. El Sexo edulcorado es aquel que estos artistas adultos aún hoy subrayan, refugiándose en una melancólica y tibia atmósfera que añora el mundo que dejaron atrás, infiltrando reflexiones adultas, reaccionarias, políticas.

En el bosque de los cuentos de hadas de los hermanos Grimm o Andersen, tenía lugar todo lo que era tabú en el pueblo, estaban repletos de seres fantásticos donde todo era permitido. Muchos artistas contemporáneos ven nostálgicamente cómo va siendo deforestado ese bosque en el cual se forja su niñez, a manos de la alta tecnología. Lejos de ese bosque hoy crece otra aldea, una aldea global a la que el niño se lanza a competir con sus padres desarrollando prematuramente destrezas y gadgets.

¿Somos adultos cargados de ilusiones y tiernas memorias y al ver hoy día cómo las historias y los personajes con los que crecimos se esfuman, los dibujamos en un esfuerzo desesperado por evitar que desaparezcan?¿Por qué estos personajes tiernos asumen un rol erótico?