EL ESPEJO: SEXO Y ARTE

Por Cristina Fallarás

Blancanieves se adentra en el bosque sintiendo cómo las ramas de los árboles van azotando suave y a veces no tan suavemente su blanca piel púber. Su ropa se desgarra ante los ojos del Lobo Feroz, cubierto sólo con una caperuza roja dios sabe sacada de qué antro de segunda mano donde seguramente cuelga aquella foto de Mapplethorpe de un sado con el ano negro visto.

Desde la primera puerta del Infierno de Dante, ABANDONAD TODA ESPERANZA, siete enanos claramente surgidos del Kamasutra, ataviados como bellos visires que se acabaran de desataviar, sostienen a un marqués libidinoso que va vertiendo cera sobre la espalda de una pobre criaturita sometida.

Desde el desquiciado quicio del bosque Blancanieves mira la escena, sabe lo que va a suceder y se prepara para TRASCENDER.

(en el cielo que es fucsia, las tres GRACIAS han llegado por fin a entrelazar sus piernas y entonan mantras orientales mientras frotan, RESTRIEGAN, sus abiertas vulvas contra sus carnosas piernas, y son el SOL, y casi deslumbran)

En el lugar donde se unen el pánico y el placer nacen sexo y arte.

En el lugar donde se cruzan la carne más humilde y la inmortalidad absoluta arrancan a andar sexo y arte, de la mano, enredados como esos dos enanos que ahora atan sus cuerpos por la cintura con el gran pene del marqués de Sade ante la desaprobación evidente de Balthus.

El cuerpo de la gorda matrona perteneciente al CLAN que acaba de erguirse para poblar la tierra es una vasija de enormes ubres que lo mismo sirve para elevarse amasando barro que penetrando carne. ¿Qué diferencia hay —se pregunta el HOMBRE antes aún de saber preguntárselo— entre recrear ese cuerpo en arcilla, ARTE, y lanzarlo al futuro, al universo, o recrear el universo en ese cuerpo, SEXO, poniéndolo a volar más allá de sí mismo, hacia el mismo futuro?

Acción del hombre. Ansia de eternidad. Ejercicio lúdico de abandono carnal. Elevación de religión pagana. Arte y sexo son lo mismo desde el inicio de la conciencia.

Blancanieves pide, ruega que le permitan una oración piadosa antes de someterse a la promiscuidad.

—¿Por qué, para qué?

—Porque ESTO no está permitido, para SALVAR mi alma.

JAMÁS —le grita el espejo—. El arte es la superación de los límites, no hay prohibiciones, salivemos ante el campo fosforescente de la imaginación. Mira allá arriba el efebo que atraviesa sobre el avión alado de Leonardo la carne de las Gracias.

—Pero esto es obsceno.

—La obscenidad eres tú, pequeña puritana.

Y efectivamente, la adolescente ES el propio espejo.